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lunes, 30 de octubre de 2017

El cementerio de San Miguel de Nerja


El cementerio nos mostrará como si de un espejo se tratase, las costumbres, devociones e idiosincrasia de la ciudad de los vivos. Mirémonos en ese espejo y nos descubriremos a nosotros mismos[1].
Francisco. J. Rodríguez Marín


Cementerio de San Miguel (Nerja). Fachada principal (foto del autor)


Desde la Prehistoria, la muerte y sus rituales han estado presentes en las distintas culturas que ha creado la humanidad. El ritual desarrollado en torno a la muerte, uno de los denominados rituales de tránsito, es el último que tiene lugar en la vida de una persona, una vez que esta ha finalizado, y del que tradicionalmente se han apropiado las diferentes religiones.

En Nerja y Maro hay documentados enterramientos prehistóricos y medievales, concretamente de época andalusí en las necrópolis de ambas alquerías con 175 sepulturas halladas en la primera y más de 400 en la segunda. Tras la conquista castellana del territorio en 1487 y la posterior cristianización de sus pobladores, los enterramientos se realizarán en los cementerios parroquiales adosados exteriormente a las iglesias, así como en su interior, generalmente en bóvedas o criptas, llamadas también carneros, que eran subterráneos abovedados con paredes de nichos, a los que se accedía a través de una losa en el suelo y una estrecha escalera. Las cofradías representaban un papel importantísimo y actuaban como mutualidades de entierro que garantizaban a todos sus hermanos, con independencia de su situación económica, una sepultura y la realización del correspondiente ritual funerario y ofrecimiento posterior de misas.


El cementerio representado en un plano de conducción de aguas de Nerja. Tomás Brioso, Málaga, 19 de abril de 1916, A.H.P.M., C.H.S.E., Leg.46.459


Desde finales del siglo XVI y primeras décadas del XVII, los enterramientos en Nerja se realizaban en la cripta de la capilla del castillo Bajo (Balcón de Europa), pasando a la iglesia de El Salvador cuando se terminó de construir en 1697. Estos enterramientos se llevaban a cabo en el cementerio de la parroquia, situado aproximadamente en el solar que actualmente ocupan los salones parroquiales y la vivienda del párroco. Había sepulturas en tierra y además existía, y existe aún, una cripta embovedada y un corredor subterráneo, a modo de catacumba, en el que se encuentran diferentes nichos reservados para los miembros del clero y con toda probabilidad para los miembros de la cofradía de Ánimas, documentada en Nerja desde el siglo XVIII. Sin duda, este espacio funerario externo junto a la cabecera de la iglesia existía ya en el momento en que esta se amplió, siete décadas después de su bendición, y cuando finalizó en 1782, una parte importante del cementerio, no toda, quedó ocupada por el edificio, y la entrada a la cripta quedó situada en el interior de la iglesia, justamente en el crucero. Asimismo, la ermita de Nuestra Señora de las Angustias, bendecida en 1720, cuenta con una cripta bajo el camarín de la Virgen en el que aún se conserva algún enterramiento de los varios que hubo hasta mediados del siglo XIX.


Mausoleo de Ferrándiz (1921)  (foto del autor)


En 1787 el rey Carlos III, con el ánimo de llevar a la práctica las ideas de higiene y salud pública defendidas por los ilustrados, por Real Cédula de 3 de abril estableció la obligación de inhumar los cadáveres en cementerios situados extramuros de las poblaciones, pues se creía que de la carne putrefacta emanaban enfermedades e infecciones que podían propagarse, obligando a que las necrópolis estuviesen situadas en sitios ventilados y salubres, alejados de las poblaciones. El primer cementerio extramuros que se construyó en España fue el del Real Sitio de la Granja (Segovia), que sirvió de modelo para todos los posteriores. No obstante, la medida no se implantó de inmediato ni de manera generalizada, sino que se fue aplicando paulatinamente, sobre todo desde comienzos del siglo XIX.

El primer cementerio de estas características que tuvo Nerja se construyó en 1804, como consecuencia de la Real orden dada por Carlos IV en 3 de abril de dicho año y de la epidemia de fiebre amarilla que asolaba la región. Pedro Coronado Zambrana cedió un terreno en el exterior de la población (actualmente ocupado por el Cuartel de la Guardia Civil), cercano a la ermita de las Angustias que probablemente haría las veces de capilla del camposanto, de manera que las inhumaciones dejaron de hacerse en el cementerio parroquial. En los más de veinte años que separan la ampliación de la iglesia de El Salvador de la apertura del cementerio extramuros, al que llamaremos Viejo, se siguió sepultando a los difuntos en el subterráneo de la parroquia y en zonas de tierra que aún quedaban sin ocupar. Pero a mediados del siglo XIX el cementerio se había quedado pequeño y la expansión urbana del pueblo hacia la zona en que se encontraba hizo que las casas acabaran rodeándolo, por lo que, en 1851, el Ayuntamiento decidió su clausura y la construcción de uno nuevo.


Vista parcial del cuadro derecho del primer patio o patio histórico del cementerio (foto del autor)


El problema principal que tenía el municipio para llevar a cabo la empresa era de orden económico, pues los cementerios tenían que ser construidos con fondos municipales, por lo que se solicitó a la reina Isabel II, y esta autorizó en 30 de junio de 1852, la corta de pinos de los montes de propios de Nerja, siempre que se redujera a lo necesario para obtener los 7.500 reales presupuestados, según proyecto aprobado por el Gobierno Civil de Málaga. La corta se adjudicó en noviembre de 1852, aunque en junio de 1853 hubo que ampliarla, pues se había consumido el presupuesto y aún faltaba por levantar parte de la tapia y construir la capilla, los depósitos de cadáveres y de ataúdes y la vivienda del sepulturero. El coste total de las obras ascendió a 13.280 reales, para cuya recaudación hubo que cortar 5.279 pinos carrascos de la sierra. Finalmente, el mismo año 1853 la necrópolis estuvo finalizada y el gobernador civil de la provincia aprobó el reglamento para su régimen y gobierno con fecha 20 de enero de 1854[2].


Mausoleo de la familia de Adolfo Rodríguez Luque (1924) y osarios del lado oeste del primer patio del cementerio (foto del autor)


Este cementerio, llamado de San Miguel, se construyó en un lugar retirado de la población a más de cuatrocientos pasos de sus últimas viviendas, soleado y ventilado, tal como requería la normativa, junto al antiguo camino de Almuñécar (posteriormente, carretera Nacional 340). Se encargaron de las obras el maestro de obras de la villa, Pedro de Algarra, el maestro de albañilería Antonio Romo y el de carpintería Francisco Roca. El diseño seguía el modelo del cementerio de San Miguel de Málaga y de los cementerios neoclásicos en general; su planta era rectangular, casi cuadrada, midiendo 40 m el lado mayor y 35,5 m el menor; en el centro del lado norte se situaba la capilla, conectada con la puerta de entrada, situada en el lado sur, por un pasillo o eje axial de 1,50 m de ancho que divide el espacio en dos mitades o cuadros. El cementerio, que está rodeado por unos muros exteriores de 3,50 m de altura y 55 cm de espesor, disponía cuando se bendijo de setenta y cinco nichos, y veintisiete zanjas y dos bóvedas de mampostería a ambos lados que ocupaban un área de unos 1.000 m2. En la fachada principal, orientada al sur, se abre la puerta de entrada con arco de medio punto, flanqueada por doble juego de pilastras, uno de orden inferior y otro de orden mayor, aunque sin llegar a ser gigante, y rematada por un frontón mixtilíneo en el que se inserta una placa con el siguiente texto: “Mandó construir este cementerio el Ayuntamiento Constitucional de Nerja siendo su presidente D. José García y Peralta. Año 1853”. La capilla del camposanto, dedicada a las Ánimas y presidida por la Virgen del Carmen, reproduce en su fachada el esquema de la puerta de entrada principal, rematada por frontón triangular y espadaña; la cubierta era de armadura de madera y su altar estaba presidido por un retablo de pino de Flandes que no se conserva.


Cementerio de San Miguel (Nerja). Capilla de las Ánimas (foto del autor)

En 1867, el Ayuntamiento acordó demoler el cementerio antiguo, trasladar los restos al de San Miguel, y en su solar construir una plaza en cuyo centro se erigiría un monumento conmemorativo rodeado de una valla; la demolición y ordenación de la plaza se completó entre 1875 y 1877.

Tres décadas después de la construcción del cementerio de San Miguel, este se había quedado pequeño, y en octubre de 1884 se acordó destinar 2.250 pesetas obtenidas del Fondo de calamidades públicas para su ampliación, que se hizo absolutamente necesaria tras el azote de la epidemia de cólera desatada en el verano de 1885. La ampliación consistió en un segundo patio de idénticas dimensiones y características que las del primero y algunas dependencias complementarias y “la plantación interior y exterior de árboles propios de estos sagrados lugares”[3]; en 1929 se habilitó por su parte posterior un pequeño patio para cementerio civil. Desde entonces, el cementerio ha experimentado pequeñas ampliaciones por sus laterales para la colocación de nichos y osarios.


Panteón de la familia de Ruiz (ca.1957) (foto del autor)

Durante varias décadas el cementerio careció de sepulturas de prestigio, como panteones o mausoleos, pero la ascendente burguesía agraria e industrial de Nerja quiso disponer de ellas, mostrando así su posición social y económica en la ciudad de los muertos, de la misma manera que lo hacía en la de los vivos. La primera tumba que podríamos considerar suntuosa está fechada en 1880, aunque la mayoría de las que hoy se mantienen se realizaron en dos periodos: las décadas de 1910 y 1920 (en 1914 los trabajadores usaban incluso la capilla para picar la piedra con destino a los mausoleos) y durante la posguerra y década de 1950. Denominaremos aquí panteones a las sepulturas familiares que imitan templetes de tipo griego o romano, en cuyo interior cuentan con un pequeño altar. Los mausoleos serían sepulturas monumentales familiares, cuadradas o rectangulares, generalmente ornamentadas, aunque situadas a nivel del suelo; los hay de dos tipos, según se realicen las inhumaciones en los laterales de la misma mesa o en una cripta bajo ella. Por último, estarían las tumbas individuales situadas en el suelo, más sencillas, aunque igualmente suntuosas. Todas estas sepulturas se sitúan en los dos cuadros situados a ambos lados del pasillo central del primer patio o patio histórico y, aunque gran parte de las mismas se realizaron en el siglo XX, dan al cementerio nerjeño un inconfundible aire decimonónico. En la actualidad, este conjunto está formado por cuatro panteones, veintiún mausoleos y tres tumbas; de ellos, un panteón, diez mausoleos y dos tumbas están en el cuadro derecho según se entra, mientras que el resto se sitúa en el cuadro izquierdo. Sin embargo, la lectura de los mismos no debe realizarse desde la entrada hacia el interior, sino desde la capilla hacia la puerta del cementerio, pues todo el patio reproduce simbólicamente el interior de un templo en el que la capilla de las Ánimas representaría el altar mayor, en cuyas proximidades solían enterrarse las personas de mayor prestigio que ocupaban primeramente dichas zonas, y fue por allí por donde se comenzó la instalación de mausoleos.


Panteón de la familia de José y Antonio Luque Martínez (foto del autor)

La primera sepultura suntuosa que se instaló en el cementerio es la de Patricia Muñoz López; fue su hermano Celestino, antiguo administrador de aduanas de Nerja, quien solicitó al Ayuntamiento el 15 de mayo de 1880 “un cuadrado de terreno de un metro setenta centímetros por lado, o sea una superficie de dos metros ochenta y nueve centímetros, que encerrará en una verja de hierro en cuyo centro elevará un mausoleo de mármol para colocar en su fondo cuando corresponda legalmente las cenizas de su hermana Patricia Muñoz López, que falleció en esta villa el 28 del pasado marzo.”[4]


Tumba de Patricia Muñoz López (1880) (foto del autor)


La tumba, situada en el cuadro derecho según se entra, es interesante, porque incorpora en la parte frontal un relieve representando un reloj de arena alado, alegoría del tempus fugit (el tiempo huye, el tiempo vuela), utilizada con profusión en la emblemática del Renacimiento y el Barroco, con la que enlaza esta sepultura decimonónica nerjeña.


Alegoría del tempus fugit en la tumba de Patricia Muñoz López (foto del autor)


Frente a ella, en el cuadro izquierdo, aunque algo más cercana a la capilla, se encuentra el mausoleo de la familia Maezo (o Maeso). El 6 de agosto de 1904 se autorizó a Rosario Maezo Navas 11 m2 de terreno “en el primer patio del cementerio municipal al objeto de inhumar los restos de sus padres y hermano”[5]. José Maezo García era natural de Frigiliana, maestro albaitar (veterinario) y herrador de oficio, se instaló en Nerja donde compró molinos harineros, llegando a ser un importante industrial; fue secuestrado y asesinado en 1875; sus descendientes convirtieron uno de sus molinos en La Maquinilla o fábrica de miel de caña de RIFOL. El mausoleo tiene en el centro un pilar que sostiene la escultura de un Niño Jesús abrazado a una cruz, preludio de su pasión, a la vez que sostiene en sus manos una corona de rosas que guarda relación con la corona de espinas y recuerda también la corona de rosas que se ofrecía a los emperadores romanos cuando eran coronados, clara alusión a su “reino” venidero. La escultura es copia de una existente en el cementerio malagueño de San Miguel, realizada por José Frapolli Pelli. Este afamado escultor, de origen suizo, realizó mausoleos en el citado cementerio y en el cementerio inglés de Málaga y es autor del Tabernáculo del altar mayor de la catedral de Málaga. Probablemente fue realizada en los talleres de mármoles de la Viuda de Baeza en Málaga, como las lápidas que figuran en el mausoleo, marmolería que cuenta con más ejemplos en otras sepulturas de este cementerio.


Mausoleo de la familia de Maezo (1904). Al fondo, coronado por frontón triangular, el panteón de la familia de Vicente Luque Martínez (foto del autor)


Niño de Pasión del mausoleo de Maezo, copia del realizado por J. Frapolli Pelli (foto del autor)


No vamos a realizar un catálogo de todos y cada uno de estos enterramientos suntuarios del camposanto, pues sería prolijo y haría excesivamente larga esta entrada, aunque llamaremos la atención sobre los panteones, especialmente los de las familias de Vicente Luque Martínez y José y Antonio Luque Martínez, imitando austeros templetes clásicos; o la tumba de Rafael Chaves y Manso, marqués de Tous y otros títulos, yerno de Joaquín Pérez del Pulgar y propietario de la colonia agrícola Las Mercedes y Maro, en cuya casa de la fábrica San Joaquín falleció el 29 de junio de 1903; o el mausoleo donde reposa Alejandro Bueno García, historiador y alcalde de Nerja fallecido el 10 de octubre de 1927; o el de Ferrándiz, con un tondo magnífico de la Soledad y el escudo de la Marina Española; o el de la familia Narváez, sencillo pero con la particularidad de estar íntegramente realizado en piedra almendrilla procedente de los tablazos nerjeños; o el nicho donde reposan, Francisco Giner de los Ríos, poeta, sobrino nieto del fundador de la Institución Libre de Enseñanza, y su esposa María Luisa Díez-Canedo.


Mausoleo de la familia de Alejandro Bueno García (foto del autor)


No cabe duda de que el cementerio de San Miguel de Nerja es un camposanto importante desde el punto de vista histórico, pues contiene un registro documental de familias, individuos y cronología de sus vidas de gran valor en ausencia de otros registros perdidos. Pero también lo es desde el punto de vista patrimonial por la variedad de tipologías sepulcrales, por la cantidad y calidad de elementos arquitectónicos y escultóricos de carácter funerario que posee y sobre todo por el buen estado de conservación de los mismos. Afortunadamente, estos elementos se han mantenido y, de momento, no han sucumbido a la llegada de ciertas modas en el ámbito funerario, por lo que podemos considerar este camposanto como uno de los cementerios patrimoniales a tener en cuenta en la provincia de Málaga; y como tal debe ser valorado y gozar de la protección debida a este tipo de bienes.


Tondo de la Virgen de la Soledad del mausoleo de Ferrándiz (1921)  (foto del autor)


[1] RODRÍGUEZ MARÍN, F. J., La ciudad silenciada. Los cementerios de Málaga, Málaga, 2011.
[2] (A)rchivo (M)unicipal de (N)erja, Expediente para la corta de pinos para la construcción del cementerio, Montes 1, S. XIX.
[3] A.M.N. Libro de Sesiones Municipales de 1884, sesión de 21 de octubre.
[4] A.M.N. Libro de Sesiones Municipales de 1880, sesión de 15 de mayo.
[5] A.M.N. Libro de Sesiones Municipales de 1904, sesión de 6 de agosto.

viernes, 18 de agosto de 2017

El Grupo San Miguel, primeras viviendas de ‘tipo social’ de Nerja, y los inicios de la urbanización de El Tablazo





Grupo San Miguel (foto: José Padial Bobadilla, cortesía de la Asociación de Vecinos Las Protegidas)

Acabada la Guerra de España, uno de los principales problemas que tuvo que abordar el régimen franquista fue el de la reconstrucción del país que en gran medida sus integrantes habían contribuido a destruir y la edificación de viviendas. Unos días después de emitirse el último parte oficial de guerra, firmado por Francisco Franco el primero de abril de 1939, se promulgaba la Ley de 19 de abril de 1939, por la que se establecía un régimen de protección a la vivienda de renta reducida y se creaba el Instituto Nacional de la Vivienda (I.N.V.), dependiente del ministro de Organización y Acción Sindical, encargado de su aplicación. Hasta entonces había estado vigente una ley de casas baratas que databa del año 1911, pero al asumir el nuevo Estado la tarea de ordenación de las ciudades y la construcción de viviendas se hizo necesario elaborar un cuerpo legislativo de decretos y leyes que se inició con esta de 1939. En ella se establecía un régimen de protección a favor de entidades y particulares que construyeran “viviendas higiénicas de renta reducida” incluidas en proyectos del Instituto Nacional de la Vivienda, que se denominarían “viviendas protegidas”. Pero como el I.N.V. no era un organismo constructor, ya que sus funciones eran planificadoras y organizativas, se decidió establecer una entidad colaboradora de dicho instituto, la Obra Sindical del Hogar y de Arquitectura (O.S.H.A.), creada en diciembre de 1939 por la Delegación Nacional de Sindicatos de Falange Española Tradicionalista y de las J.O.N.S. Esta organización, en principio solo de estudio y análisis, terminó convirtiéndose en una entidad constructora dos años después, en 1941, si bien su época de mayor actividad tuvo lugar a partir de 1954.


Simbología de la Delegación Nacional de Sindicatos de F.E.T y de las J.O.N.S. que figuró en el Grupo San Miguel (foto del autor)


Simbología de la Delegación Nacional de Sindicatos de F.E.T y de las J.O.N.S., uno de los ejemplares que aún se conservan en el Grupo San Miguel (foto del autor)

Durante los primeros años de actuación de la O.S.H.A. el ritmo de construcción fue insignificante, si se tiene en cuenta que el déficit de viviendas de España rondaba el millón y medio, primándose la construcción de la vivienda rural dentro del proyecto de revitalización agrícola propio de la autarquía económica del país. Será en la década de 1950 cuando el éxodo rural y la afluencia de inmigrantes a las ciudades hará necesario imprimir un ritmo mayor a la construcción de viviendas sociales, a la vez que se amortiguaba el paro, gracias al impulso de un sector, el inmobiliario, que proporcionaba un gran volumen de beneficios. En consecuencia, el gobierno procedió a elaborar un paquete de normas sobre protección de la vivienda de renta limitada, a la vez que daba paso al segundo Plan Nacional de la Vivienda, iniciado en 1955. Así, por el Decreto-ley de 14 de mayo de 1954 se encargaba al I.N.V. la ordenación de un plan de viviendas de ‘tipo social’ y se establecían las características que estas debían tener: una superficie máxima de 42 m2 y un coste de 25.000 pesetas, pudiendo ser promovidas por entidades sin ánimo de lucro, como los ayuntamientos, y encomendándose su construcción a la O.S.H.A. La Ley de 15 de julio de 1954 sobre protección de viviendas de renta limitada, seguida de su Reglamento de aplicación aprobado por el Decreto de 24 de junio de 1955, regulaba y clasificaba las viviendas protegidas de renta limitada (las había de distintas categorías, tamaño y coste) y, entre otras cosas, establecía fórmulas de crédito para su construcción, así como bonificaciones y exenciones tributarias. En aplicación de dicha ley y de su reglamento, se promulgó el Decreto de 1 de julio de 1955 por el que se autorizaba al I.N.V. a construir 550.000 viviendas en un plazo de cinco años, priorizándose la construcción en una serie de provincias, entre las que se encontraba la de Málaga; posteriormente, el Decreto de 9 de diciembre de 1955 encomendaba a la O.S.H.V. la construcción de 3.000 viviendas en Málaga y su provincia, de las que 2.000 serían en la capital y las 1.000 restantes en la provincia “de las denominadas de tipo social y destinadas exclusivamente a familias modestas”. Es en este contexto en el que debemos situar la construcción del primer grupo de viviendas protegidas de ‘tipo social’ en Nerja objeto de esta entrada, el Grupo San Miguel, levantado en El Tablazo.


Límites de Nerja hacia 1830, rotulados en color rojo sobre fotografía aérea del Vuelo Americano, año 1957


Desde su fundación en la década de 1630 en torno al castillo Bajo (actual Balcón de Europa), la moderna localidad de Nerja había crecido urbanísticamente a partir de una serie de vías que se extendían de forma radial desde aquella fortificación (Plaza de Cavanas y El Barrio, Granada, Pintada, Cristo y Carabeo, con sus nombres actuales), algunas de ellas conectadas entre sí por otras transversales. Durante la segunda mitad del siglo XIX y primera mitad del XX la expansión urbana se dirigió hacia el norte, alcanzando su límite máximo en la plaza situada frente al cementerio de San Miguel y la calle del mismo nombre, por donde transcurría un tramo de la carretera de Málaga a Almería; descartados tanto el norte como el sur, por ser zona marítima, y el oeste, donde se encontraban las fértiles tierras del pago del Chaparil, respetado todavía como zona agrícola, la única posibilidad de crecer se encontraba al este de la villa, donde se extendía un enorme pago perteneciente a sus propios: El Tablazo.


Carretera de Málaga a Almería a su paso por El Tablazo. A la derecha, el Tablazo de Abajo; obsérvese el conglomerado que formaba el suelo (foto: José Padial Bobadilla, cortesía de la Asociación de Vecinos Las Protegidas)

Era esta una extensión de terreno inculto cuyo suelo, formado por una costra calcárea o conglomerado cementado denominado ‘brecha mortadela’, conocido en Nerja con el nombre de ‘tablazo’ (de ahí el nombre de la zona), era impracticable para la agricultura, a menos que se cubriera con una cantidad suficiente de tierra apropiada para ello. El Tablazo estaba dividido en dos partes por la carretera de Málaga a Almería que lo atravesaba: el Tablazo de Arriba, al norte de la carretera y el Tablazo de Abajo, al sur de la misma. En 1945 El Tablazo se encontraba registrado incomprensiblemente a nombre del Estado en el catastro rústico de Nerja, por lo que “siendo de suma necesidad poderse disponer de esta parcela para la construcción de casas que sirvan de ampliación a la población”, el Ayuntamiento acordó solicitar al delegado de Hacienda la cesión de terrenos o la autorización para edificar cuantas casas fueran necesarias[1]. Diez años después, el Ayuntamiento había solventado el problema y el 1 de marzo de 1956 acordaba inscribir El Tablazo a su nombre en el Registro de la Propiedad de Torrox.


Fotografía aérea del Vuelo Americano, año 1957. Se puede ver la localidad de Nerja y a la derecha la gran extensión de El Tablazo, dividido en dos, el de Arriba y el de Abajo, por la carretera de Málaga a Almería


Entre octubre y noviembre de 1955 el Ayuntamiento de Nerja, a cuyos propios pertenecían los terrenos, decidió destinar El Tablazo a la edificación por medio de compraventa como ensanche del núcleo de población; se instruyó el expediente correspondiente para su enajenación, destinándose a ello una parcela de 10 ha segregada de otra mayor, valorada en 200.000 pesetas, “puesto que no sirve más que para edificar y es el ensanche natural de este pueblo”[2]. El área urbanizable iba a solucionar el problema de espacio edificable, dando cabida a dos tipos de construcciones: por un lado, a una serie de viviendas sociales protegidas que serían el núcleo a partir del cual se originó la barriada conocida con el nombre de Las Protegidas; por otro, se proporcionaba terreno a los promotores de urbanizaciones residenciales que al calor del turismo que empezaba a llenar la Costa del Sol (la Presidencia del Gobierno acababa de publicar el Estudio para la ordenación turística de la Costa del Sol) veían inmejorables oportunidades de negocio.


El 1 de marzo de 1956, el alcalde de Nerja, Antonio Millón Ramírez, se dirigía a la corporación municipal comunicándole

“…que todos tienen conocimiento del grupo de 50 viviendas ‘Tipo Social’ que tiene en proyecto la Obra Sindical del Hogar y de Arquitectura en este término municipal. Naturalmente habría que facilitar los terrenos apropiados para ello sin dilación alguna, por lo que sometía el caso a la Corporación para que deliberase sobre el mismo a fin de dar cima a cosa tan importante y necesaria. Deliberado ampliamente el particular y después de un detenido estudio se acordó ceder, de los terrenos propiedad del Ayuntamiento situados en el lugar denominado El Tablazo, la cantidad necesaria para el caso, ya que es infinitamente mayor, con lo que se da la facilidad propia para conseguir las construcciones tan precisas que se proyectan.”[3]

Con fecha 4 de junio de 1956, la O.S.H.A. aceptó la cesión, estimándose suficientes para la construcción de las cincuenta casas de ‘tipo social’ una extensión de 8.630,74 m2. Asimismo, el Ayuntamiento procedía a justificar cuantos extremos se le requerían, fijados por el Reglamento de Bienes Municipales vigente, como que la construcción redundaría en beneficio de los habitantes del pueblo; que la finca era objeto de desafección de todo uso y servicio público y de aprovechamiento comunal; que estaba inscrita como bienes de propios del Ayuntamiento en el Registro de la Propiedad de Torrox; y que El Tablazo no estaba sujeto a ningún plan de ordenación ni reforma urbana ni lo estaría en los siguientes diez años[4]. Además, la Corporación adquiría el compromiso de adjudicar las viviendas a los cincuenta vecinos que cumplieran los requisitos establecidos (en Nerja, que entonces tenía algo más de 7.000 habitantes, había muchos más con necesidades de vivienda), y se comprometía a sufragar las obras de urbanización del grupo y dotarlo de abastecimiento de agua y fluido eléctrico.


El Grupo San Miguel, a la derecha, y otras viviendas protegidas en El Tablazo (foto: Paisajes Españoles, cortesía de la Asociación de Vecinos Las Protegidas)


En enero de 1958 la O.S.H.A. anunciaba una nueva subasta o concurso restringido para la construcción de las viviendas, pues la primera había quedado desierta, y en abril el alcalde de Nerja y el delegado provincial de Sindicatos firmaban el convenio de urbanización del grupo al que, posteriormente, en agosto de 1961, una vez que estuvieron finalizadas las obras, hubo que añadir un convenio adicional, pues el coste real ascendió a 459.177,63 pesetas, superior en 100.000 pesetas al estimado inicialmente en el primer convenio. El Ayuntamiento debería devolver a la Organización Sindical de Falange Española Tradicionalista y de las J.O.N.S., a través de la O.S.H.A., dicha cantidad, obtenida de un préstamo concedido a un interés del 4% anual, en un plazo de veinticinco años a contar desde el 1 de enero de 1962.


Placas cerámicas con el nombre del grupo San Miguel (foto del autor)


Una vez iniciadas las obras, en octubre de 1958 el pleno municipal aprobó la denominación de Grupo San Miguel para el grupo de las cincuenta viviendas en honor al patrono de la localidad[5]. En mayo de 1959, cuando aún proseguía la construcción, se designaron los nombres de las calles y la numeración de las casas, que serían los siguientes: calle Chile, números 1-3-5-7-9 y 11; calle Puerto Rico, números de la derecha 2-4-6 y 8, y números de la izquierda 1-3-5 y 7; calle Costa Rica, números de la derecha 2-4-6-8-10-12-14 y 16, y números de la izquierda 1-3-5 y 7; calle San Juan de la Argentina, números de la derecha 2-4-6 y 8, y números de la izquierda 1-3-5-7-9-11-13-15-17-19 y 21; y calle Barranquilla de Colombia, números 2-4-6-8-10-12-14-16 y 18[6]. El 10 de junio de 1959 la O.S.H.A. comunicaba al Ayuntamiento que procediera al suministro de agua y electricidad al Grupo San Miguel. Sin embargo, tanto la finalización de la urbanización del grupo como las acometidas de luz y agua no estuvieron finalizadas hasta 1961, llevándose a cabo la inauguración oficial y la bendición del grupo el día 15 de abril de dicho año. Las familias ocupantes de las nuevas viviendas debían pagar una cuota de amortización mensual de 105 pesetas durante veinte años, periodo a lo largo del cual estaban exentas de impuestos y tributos por vivienda. Las casas, de dos plantas y distribuidas en seis bloques de adosados, eran pequeñas y desde un primer momento sus ocupantes tuvieron que pedir licencia al Ayuntamiento para elevar las tapias de los patios y así conseguir más espacio, siéndoles concedida sin mayores problemas.


Acto de bendición por el párroco de El Salvador del Grupo San Miguel, celebrado el 15 de abril de 1961. En el centro, con gafas ahumadas, el alcalde de Nerja Antonio Millón Ramírez (foto: José Padial Bobadilla, cortesía de la Asociación de Vecinos Las Protegidas)


Vivienda del Grupo San Miguel en la actualidad (foto del autor)


Además del Grupo San Miguel, otras viviendas, tanto de renta limitada como de distinto tipo se construyeron en El Tablazo. Apenas comenzado el trámite para la construcción del grupo, en septiembre de 1957, Antonio Tapia Liñán, que había adquirido terrenos en El Tablazo, presentó el anteproyecto de una colonia residencial de construcciones unifamiliares aisladas que se levantaría unos años después. Ese mismo mes y año, se acordó levantar un plano de las viviendas que el Secretariado de Caridad del obispado de Málaga había construido en la zona, en terrenos pertenecientes a la parroquia de El Salvador, con objeto de permutarlos con otros de propiedad municipal para que pudiera seguir edificando. En noviembre de 1958, el Ayuntamiento acordaba solicitar la construcción de otras cincuenta viviendas de renta limitada en El Tablazo, para lo que se mostraba dispuesto a ceder el terreno necesario; no se hicieron de momento, pero en junio de 1964, aprovechando la visita a Nerja del entonces ministro de Vivienda, José María Sánchez Arjona, obtuvo de él el compromiso de atender la petición. En enero de 1961 la inmobiliaria INCOSA, S.A. de Torremolinos solicitaba terreno para construir un hotel, ofreciéndole el Ayuntamiento El Tablazo, a la vez que, más tarde, en noviembre, decidía “ofrecer a la iniciativa privada solares aptos para la construcción de chalets y edificios residenciales para fomento del turismo”[7]. En 1962 el arquitecto municipal, Luis Altuna Mendizábal, presenta el anteproyecto de construcción de veinticuatro viviendas subvencionadas que debían acoger a las familias que habitaban las casas de la playa de Calahonda y que iban a ser desplazadas al producirse la expropiación de las mismas, dentro del plan de ordenación del Balcón de Europa, Calahonda y el Salón; finalmente estas viviendas se construirían en el Campo de Vidrio. En diciembre del mismo año 1962 el Ayuntamiento cedía al Ministerio de Información y Turismo los terrenos situados al sur de El Tablazo, sobre los acantilados, para el Parador Nacional de Turismo de Nerja, inaugurado en 1965[8]. El Tablazo de Arriba, por su parte, sería urbanizado con viviendas, construcciones escolares, como el Colegio Libre Adoptado Nuestra Señora de las Angustias (hoy I.E.S. Sierra Almijara), el Campo Municipal de Deportes, etc., mientras la carretera de Málaga a Almería se convertía en la arteria que conducía a la Cueva de Nerja, descubierta (o explorada) en enero de 1959 y convertida en foco de atracción de visitantes y turistas, y en sus márgenes se instalaban diversos servicios, como la primera Oficina Municipal de Turismo o el Hotel Luna.


Único ejemplar de farola de pared, actualmente inutilizada, que queda de la iluminación primitiva del Grupo San Miguel (foto del autor)


Jícaras cerámicas para cables pertenecientes al primitivo tendido eléctrico del Grupo San Miguel (foto del autor)


Conforme la barriada de Las Protegidas iba formándose, como se ha dicho a partir del Grupo San Miguel, se consideró necesario equiparla con una parroquia que atendiera las necesidades espirituales de los vecinos. La nueva parroquia de San Miguel fue erigida por decreto de 30 de septiembre de 1974 del obispo de Málaga, Ramón Buxarrais Ventura, y al principio quedó instalada en locales provisionales al no estar construida la iglesia. El templo se construyó en un solar de 1.267 m2 de superficie cedido gratuitamente por el Ayuntamiento el 14 de junio de 1973. El edificio, de planta rectangular, fue proyectado por el arquitecto Bernardo Pozuelo Muñoz, pero a comienzos de 1977 aún no estaba terminado, por carecerse de fondos; el coste de la obra ascendía a 8.000.000 de pesetas, de los que el obispado y los feligreses habían logrado aportar algo más del 60%; el Ayuntamiento solicitó al Ministerio de Trabajo una subvención de paro obrero por la cantidad restante. La iglesia se pudo concluir y fue bendecida el 7 de octubre de 1977, cumpliéndose este año su cuadragésimo aniversario.



Iglesia de San Miguel. Arquitecto: Bernardo Pozuelo Muñoz, 1977 (foto del autor)


 Agradecimiento

A José Miguel Ortuño Rodríguez, presidente de la Asociación de Vecinos Las Protegidas, quien, paseando un día por su barriada, me reveló detalles de la misma para mí desconocidos.






[1] (A)rchivo (M)unicipal de (N)erja. Libro de Actas Municipales de 1945, acta del 15 de mayo.
[2] A.M.N. Libro de Actas Municipales de 1955, acta del 25 de noviembre.
[3] A.M.N. Libro de Actas Municipales de 1956, acta del 1 de marzo.
[4] Ibid., acta del 7 de julio.
[5] A.M.N. Libro de Actas Municipales de 1958, acta del 22 de octubre.
[6] A.M.N. Libro de Actas Municipales de 1959, acta del 6 de mayo.
[7] A.M.N. Libro de Actas Municipales de 1961, actas del 28 de enero y 22 de noviembre.
[8] A.M.N. Libro de Actas Municipales de 1962, actas del 15 de diciembre.